
Con el permiso de QUEINSÓLITO, Ana va a ser la mascota de Llegan los 40. Glups. Ya veréis cómo le cogéis mucho cariño. Para mí, ya es como de la familia.
Bexxxos.
La vida de un gay típico acosado por el síndrome de los 40.













Se imponía una huida a ninguna parte con el pijisísimo David aun a sabiendas que uno de los problemas de la drogaína es que se te queda la chinga hecha un guiñapo. Pero tenía en casa una caja de CIALIS, de efecto menos inmediato que la VIAGRA, pero mucho más duradero y, en cualquier caso, aquella mira de miope me estaba fundiendo por dentro. Así que sin decir adiós a nadie, nos deslizamos como gotas de blandiblup hasta la puerta y en un santiamén estábamos camino de Caballero de Gracia.
David estaba encantado con todo lo que se había metido ya por la nariz y me preguntó si tenía más de eso. Yo, sabiamente, conservaba un gramo, pero me hice el sueco porque me parecía fatal tanto vicio improvisado. Y, entonces, mi ligue se sacó del bolsillo una bolita como de algo más de medio gramo.
-¿De dónde has sacado eso? -pregunté yo con esa mezcla de ingenuidad y perversidad tan característica mía.
-De encima de la mesa. Así nos lo pasaremos genial.
Así le daba al niño para vivir en Chamberí, robando droga en la fiestas a las que le invitaban. La bolita desapareció en un abrir y cerrar de esfínter y me vi obligado a echar mano de lo que tenía, pero para disimular un poco hice como que buscaba en un cajón a la desesperada. De ese modo apareció una foto de hace unos quince años con Nacho. David, que, además de llevar el pelo a lo Güemes, era muy cotilla, la cogió y se quedó mirándola muy pensativo.
-Esto es en la Lupe. Yo asentí silencioso.
-¡¡Sabía que te conocía!! Tú ibas mucho por allí con los de la Radikal Gay. Menuda panda. Ya recuerdo. Con el pelo decolorado. Yo es que entonces salía mucho con una prima que era un poco grunge. Y tú eres el que se subió a la barra el día que se murió Lola Flores e hizo un striptease.
Evidentemente, ningún crimen quedará impune.
Me tumbé en el sofá desesperado por el come-back de mi horrible pasado y David, mordiéndose los labios, me preguntó como un ratoncillo:
-¿Quieres que me vaya?
-Lo que quiero es darte una hostia.
-Por mí encantado.
Pufffffffffffffffffffffffffff.












-¿Nacho, adivina a quién me he encontrado fatalmente operado?






VIVA GRACITA MORALES











